lunes, febrero 28

Derrota

Como decía, se percibe un aroma distinto, las sombras se dibujan extraño por las tardes y ya no tienes la luz de ocho de la tarde; no, sino que incluso se hace necesario encender el lamparín de vela, que suelo ocupar en las tardes más frías, para mirarte el rostro. Estamos tibios, pero medio vacíos, es decir, necesitamos (tú más que yo) un chaleco de hilo para soportar la brisa que comienza a intensificarse con el correr de las horas. Luego de tantos minutos, por fin pudiste apagar el rubor y entonces, el discurso comenzó a fluir. Me parecía que en cualquier  momento estallaría algo en tu boca, porque las palabras no paraban jamás: era casi un vómito. Sin embargo, de pronto te detuviste y fue cuando percibí que nada era tuyo, todo lo habías copiado de alguna prosa prefabricada, porque era imposible que fuese un monólogo  que terminara sin un toque nerviosismo, como cuando ya no sabes qué más decir; en cambio, tú supiste acabar sin vacilación y cual presidente, los ojos se te llenaron de confusión y la boca se puso tiesa, como si los músculos hubiesen sufrido una contractura generalizada la cual impedía hacer una mueca de simpatía y mas bien, impulsaba a ser una comisura arisca, de novela cebollenta, con tintes de lágrimas en pañuelo de abuelo de campo. Pasaron otros segundos –lo supe porque el reloj tenía cara de pesado, el día se estaba corriendo al este- y fue cuando tus facciones volvieron, dejando ver que sabías, al igual que yo, que las mentiras no podían ocultarse más. Tal vez pudimos pasarlas por alto y seguir como si el río siguiera llevando la misma agua, pero el corazón es sensato a veces y escucha a la razón, abandonándose a su merced, cual Julieta a su Romeo y entonces el complemento se hace perfecto y la decisión está tomada: “terminó esta partida, usted perdió ¿qué desea hacer? No guardar”.
Pero lo que no sabíamos es que, aunque no guardáramos, se contaría igual entre las estadísticas como derrota.Eso parece frustrante, ¿no?

domingo, febrero 20

Ya

Es difícil ponerse a crear excusas ahora; el asunto es que estamos lejos y es imposible regresar el tiempo y que los lugares oníricos de sábado por la noche vuelvan a esta realidad. No es posible determinar a quién atribuirle esta mala suerte, sobre todo porque es probable que ese personaje esté más cerca de lo que pensamos.
Las personas vuelven justo ahora que podríamos largarnos, empero eso está un poco más allá de esta dimensión y lejos de la estratosfera que puedes prometer y regalar a cuánto mendigo se te cruce en el metro de tresdelatarde. No parece que pudiésemos arreglar algo, sino que más bien, lo empeoramos a cada momento y con cuanta palabrería ridícula que nace del corazón y de los intestinos (-porque es de ahí de donde sale la basura de los ojos de todos) hacemos crinar los dientes a "esos" que pretendemos ignorar.
Y el tiempo se ensaña con todos y se va en LAN, como si eso no fuese antipático y diera el paso para bromas.
Pronto, más tarde que temprano, volveremos a colisionar y, bien, eso importa un cuesco.

viernes, febrero 11

Clima

El clima es perfecto, casi tanto como para querer vivir en esta ciudad. Luego pensé que no mentí, sólo quise ir a un centro cultural o al cerro, daba igual de todos modos. Llovía y comía helado, era todo ideal. Pero no tanto, porque habían lágrimas en sus ojos, eso no se puede ocultar ni al más ingenuo. Bien, tenía que aparentar indiferencia -o lo que es lo mismo, cariño fraternal-. 
Me gusta el tres leches, El Ilusionista se ve fome y todo el mundo se gana una vez en la vida la venganza de los barquillos con helado.
Es inevitable.