-¿desde cuándo?
(desde el otro andén)
-sin previo aviso.
Mirar es bien simple. Cuando miras ojos, a veces es fácil idearse facetas de la gente, intentar imaginar qué pueden estar pensando e incluso adivinar hacia dónde desviarán la mirada en el próximo cuarto de segundo. El problema está en inmiscuirse más de lo debidamente permitido. No hay que andar intimidándose para fijarse que con tal interés ese otro se siente violado en su ensimismamiento. Además, muchas personas no desean ser vistas, sobretodo en situaciones de estrés. No es extraño ver cada vez más seres humanos usando lentes oscuros: no puedes adivinar adónde miran; no ves tu reflejo en sus ojos. Es como comer alcachofas en agosto. O no tan así, pero algo relacionado con eso. Yo no me cansaría de mirar ojos, si esa fuese mi profesión y el gusto por ello, me inspirara a mirar horas largas y felices el cielo que nos cubre a todos. Pero me he percatado de la incomodidad de ser descubierto y yo misma me he visto enfrentada a desviar la mirada ante una situación incómoda. Además, este momento es como aquel día viejo, en que un alguien me sonrió y lo alegró completo, algo así como un momento de felicidad anónima; sin embargo, el día feliz culminó: no encuentro al mirador sonriente y eso me hace pensar que no poseo la suerte de martes trece. Y no me casé ni me embarqué, así es que eso significa que ¿soy suertuda? La fama es emífera.-o efímera? da igual.