miércoles, septiembre 30

En ascuas


"Ud. señorita, no tiene ni pito que tocar."


Arg! Y no es que yo quiera tocarlo, la verdad (como si realmente alguien quisiera mandar). Tan solo, pedimos, o no perdón, pido que te vayas lejos. O mejor, yo me voy lejos. O algo mucho mejor! : vámonos a la cresta juntos.


No, la verdadera razón de todo esto, no es algún ser abstracto que sí podría palpar en la realidad TAN objetiva, sino más bien en que de cuajo, zás! estabas ahí, y luego, zás! estabas allá.


Algún escombro que recoger, chiquitito (ay, que ternura...pf! puras patrañas!) que muchas personas pisotearon, que ignoraron, que quisieron volver a desechar, como si algo que está ya en la basura podría ser vuelto a sacar para botarlo mil veces más; y tal vez sea yo misma quien lo haga, tan banal como podría serlo.


Yo ni sé qué hago donde estoy parada ahora mismo. Ni siquiera sé si serviré en el futuro para aquello para lo que me esfuerzo tanto y sudo la gota gorda (siempre hay algún cliché dando vueltas, no puedo negarlo). Quizás hay tanta gente que está más preparada que yo. En realidad, siempre hay alguien mejor y más bacán (flaite). Y qué le voy a hacer, si hay tantas verdades (sobre qué?) que yo no puedo justificar.


Yo te daría un beso, te lo juro, mas ahora hay cosas más importantes que un banal ósculo.


Entre muchas, yo misma.

martes, septiembre 22

Cajones


Super rarífico es pensar sobre algunas cosas, vanales, pero que no por eso dejan de ser desconcertantes, por darle un nombre.

Hay varias personas que a lo largo de mi vida pasan, así sin más, como árboles prácticamente. Nos vemos a diario y ni el hola es cortesía. Y por otro lado, hay personas, que conocí, bueno, que conozco pero que por distintas circunstancias no me parecen tan relevantes como para saludarlas, pero sí lo suficiente para hacerme cagar la guata, no sé si a "maripositas" (cursi) o a vómitos (cruel); sin embrago, es así.

Si yo pudiera, si tuviera la valentía, el coraje, la personalidad, las patas, no sé, si tuviera decisión, te habría saludado, te habría hecho quedar como canalla por haberme visto y haberte hecho el weón, sobre todo porque estabas resguardado por tu comitiva; pero NO, soy cobarde, soy horriblemente ñurda, soy de las que se va por la puerta de atrás, aunque todos me digan que merezco salir por la de adelante y arranco de las situaciones. Bueno, tú también, pero creo que de manera más cobarde que yo. Esta entrada, en realidad no es dedicada a ti, ni mucho menos, sobre todo, porque jamás la verás; pero es una buena forma de desahogarse.

Palabras bonitas, trabajadas y armoniosas ya no escribo, empero suenan duras a ratos y eso me gusta.

Igual que tú a veces.

martes, septiembre 15

Estadios


Tal vez no sea yo la persona más indicada para aconsejarte. De hecho, yo soy tu aprendiz, vine al mundo para seguir tu ejemplo y caminar tras de ti, pero a veces no nos damos cuenta de qué estamos haciendo y tenemos que recibir aliento de quien menos lo esperamos.

Verte impotente, sufriendo por cosas vanales. La verdad es que yo he sufrido por estupices más grandes que las por que tú sufres ahora, pero si hay algo que he aprendido es que todo se pierde en algún momento. No podemos estar seguros de nada ni nadie en absoluto. Hasta yo podría fallarte o tú a mi. Por eso, y muchas cosas más, es que no te aferres a cosas que no valen la pena. Es cierto que amamos o anhelamos, apreciamos o queremos mucho, demasiado tal vez, algunas cosas o personas, pero hay momentos en los cuales hay que saber dejar ir aquellos seres y así es como crecemos; aunque tú estés bastante "grande", aún te queda por aprender.

Y a mi? Pues por supuesto que mucho más todavía.

lunes, septiembre 14

Hartos vientos


Como si fuese poco, muy poco lo que vale para las personas, es como lo percibo. De repente pente, vuelo lejos, cavilando o cantando los bellos paisajes que me gustaría visitar contigo, mas cómo preguntarte, cómo insinuártelo siquiera. La brisa otoñal que se va, para dar paso al verano más seco que jamás viviré...como cuando no estabas ni en el inconsciente.

Riendo o llorando, daba lo mismo, pues siempre acaparabas la atención de cuantos te rodeaban, buceando entre tus pensamientos llenos de agridulces. Nunca pensastes que tu querida amada volvería a sonreír; y tenías razón. Como tres horas o como tres mil años, aún seguirá esperándote, a pesar de la brisa cambiante, año tras año. No necesito mucho.

Ni mucho menos poco.

Te necesito a ti.