domingo, octubre 11

Rápido sable

Control de la situación.
En realidad, cuál es el fin de tantas palabras, inútiles y al viento. Me invitas a comer miel, y cuando acepto, me pasas un limón. Me como el helado sabor a armónica que me cantas y miras mis uñas amarillas, como si eso adquiriera la importancia de esta escena idílica y ridícula de tres kilómetros a la redonda.
Yo no sé siquiera qué imaginarme de todo esto. De hecho, ni las plumas de tu gallo lo saben.
Me llamas a las 4:32 de la madrugada noche de verano, y quién sabe en qué arenas blancas estás recostado. Me das instrucciones sobre cómo tratar el asunto que se me fue de las manos, y yo qué: pues me atengo a leerlas y segurilas, creyendo ingenuamente que gano (o pierdo) algo.
Cuánto desearía ser el gato del tejado del jueves en el crepúsculo. Si te miran hasta cuando ni se podría ocurrir. La casa de la esquina tiene un techo increíble, ideal para saltar de un lado a otro o mirar la luna en busca de mantequilla o queso. Incluso una vaca sería emocionante.
Chocolate blanco en la dislexia de esta escena. Palta azul con jugo de naranja, porque el limonero ya no tiene la vitalidad de antaño, cuando soportaba la alergia de la primavera.

Si te tuviera acá, justo a mi diestra, liberaría las hormigas y como un plomo, te desmoronarías.

Y todo esto porque nadie se atreve.

1 comentario:

  1. comento dnuevo pk se borró jaja
    NO ENTIENDO NAAADAA XD
    aunq talvés era la idea :P
    jaja
    saludos yugo :D

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