Hola. La mañana de hoy desperté horrible. Claro, como algunos de los seres humanos más comunes de los que soy parte. Pero no, no era físico. Medité sobre el sueño que tenía. Me sentía mareada y con ganas de salir corriendo hacia una casa roja. Bueno, más bien es una casa gris, llena de gente enloquecida. Yo quería ser como una jirafa. Sí, una jirafa azul, la de mis sueños, con alas y una cinta blanca al cuello; un cuello largo y esbelto, de película de mala calidad. Luego, me sentí ridícula, y volví a comer mi tazón de cereal como todos los días.
Es fácil, irritantemente fácil ser rutinario. Todos queremos ser importantes y cambiar el mundo. Pero no, ninguno de nosotros lo hará, porque somos muy cobardes. No somos gente de cine que solo mueve la nariz y cambia su existencia por una Mc'Nifica. Además, somos seres llenos de lágrimas. Todos lloramos siempre aunque no nos demos cuenta; o acaso alguno de nosotros puede jactarse de no haberse sentido miserable en un momento cruel, donde nadie en la calle se detiene a mirar hacia arriba y contemplar lo hermoso que está hoy el cielo, mientras tú sí te diste cuenta, pero qué más da, si no tienes con quién compartirlo?
Yo no tengo poderes. No puedo detener el metro y sacar de entre la multitud a un romeo desteñido y sin sentimientos, de esos que hoy abundan. Tal vez nunca encuentre a Nino, tan infantil y romántico (pero no de esos cursis, sino de aquellos románticos que saben valorar un momento tan subliminal como cuando el abejorro está tomando néctar de su flor preferida) y no me importa.
La gente persigue sus propios intereses. Yo también, no seré cínica, pero tal vez no sea tan egoísta como para querer ser feliz con mi propia burbuja y quedarme ahí. O como para ayudar a alguien y divulgarlo al mundo, buscando algún honor. Yo quiero ser yo. Con mis cosas raras que nadie entiende y ya.
No hay nadie que esté dispuesto a acompañarme, lo he comprobado. Y está bien. Yo amo esta soledad. Me permite pensar y escribir, hacer algunas cosas que la gente buena sabe y comer chocolate.
Anhelo tiempos extravagantes y musicales, con boinas y guitarras dadivosas, que no esperan nada a cambio, futuro con aires a nostalgia.
Como Matilde.
Te gusta el plagio de mi título? Gracias por leer mi blog.
sábado, marzo 13
martes, marzo 9
Rotos y rotados
Ayer u hoy, no recuerdo, vi al conejo..y no tenía los ojos rojos! Era bello y egoísta, pero hay que ver que la gente lo quiere. Parece que yo igual lo idolatraba, y qué, puedo arrepentirme, no? Y el conejo, no comía zanahoria ni pastito; él comía almas de niñas ingenuas enamoradizas. Por suerte, arranqué a tiempo. Ahora bien, no es que se me hizo muy fácil, pero me esforcé.
De pequeña, tenía la manía de jugar raspes, y ganaba. Y ahora, cuando juego algún juego de azar, siempre gano algo; esto es muy mal indicio. Bueno, que saco ahora con lamentarme, total, igual puedo comer choclo sin dar explicaciones. Qué felicidad!
Ya pasó lo grave, y la ciudad sigue apestando, què raro. Un perrito, vagabundo, es más rico que cualquiera que pasa por su lado y lo ignora. Tiene pulgas de ternura y fue amor a primera vista.
Y por otro lado, còmo una silla de ruedas cruza la calle en rojo? Quiere acaso accidentarse por enésima vez? Eso me recuerda a una persona loca, que se rompió la nariz contra la acera luego de apenas seis meses; què rara, no?
Hay ansias de ver qué viene ahora, pero no hay muchas ganas de arriesgarse y tirarse al vacío. Además, vi una estrella fugaz y traté de adivinar qué quería, en vez de pedirle algo.
Ingenua. Y ni siquiera pude ver una mariposa que llevara mis deseos de algo loco al monte más alto de los corazones rotos.
De pequeña, tenía la manía de jugar raspes, y ganaba. Y ahora, cuando juego algún juego de azar, siempre gano algo; esto es muy mal indicio. Bueno, que saco ahora con lamentarme, total, igual puedo comer choclo sin dar explicaciones. Qué felicidad!
Ya pasó lo grave, y la ciudad sigue apestando, què raro. Un perrito, vagabundo, es más rico que cualquiera que pasa por su lado y lo ignora. Tiene pulgas de ternura y fue amor a primera vista.
Y por otro lado, còmo una silla de ruedas cruza la calle en rojo? Quiere acaso accidentarse por enésima vez? Eso me recuerda a una persona loca, que se rompió la nariz contra la acera luego de apenas seis meses; què rara, no?
Hay ansias de ver qué viene ahora, pero no hay muchas ganas de arriesgarse y tirarse al vacío. Además, vi una estrella fugaz y traté de adivinar qué quería, en vez de pedirle algo.
Ingenua. Y ni siquiera pude ver una mariposa que llevara mis deseos de algo loco al monte más alto de los corazones rotos.
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