Ayer u hoy, no recuerdo, vi al conejo..y no tenía los ojos rojos! Era bello y egoísta, pero hay que ver que la gente lo quiere. Parece que yo igual lo idolatraba, y qué, puedo arrepentirme, no? Y el conejo, no comía zanahoria ni pastito; él comía almas de niñas ingenuas enamoradizas. Por suerte, arranqué a tiempo. Ahora bien, no es que se me hizo muy fácil, pero me esforcé.
De pequeña, tenía la manía de jugar raspes, y ganaba. Y ahora, cuando juego algún juego de azar, siempre gano algo; esto es muy mal indicio. Bueno, que saco ahora con lamentarme, total, igual puedo comer choclo sin dar explicaciones. Qué felicidad!
Ya pasó lo grave, y la ciudad sigue apestando, què raro. Un perrito, vagabundo, es más rico que cualquiera que pasa por su lado y lo ignora. Tiene pulgas de ternura y fue amor a primera vista.
Y por otro lado, còmo una silla de ruedas cruza la calle en rojo? Quiere acaso accidentarse por enésima vez? Eso me recuerda a una persona loca, que se rompió la nariz contra la acera luego de apenas seis meses; què rara, no?
Hay ansias de ver qué viene ahora, pero no hay muchas ganas de arriesgarse y tirarse al vacío. Además, vi una estrella fugaz y traté de adivinar qué quería, en vez de pedirle algo.
Ingenua. Y ni siquiera pude ver una mariposa que llevara mis deseos de algo loco al monte más alto de los corazones rotos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario