El clima es perfecto, el sol está en su ubicación exacta a las 12 del día, cuando el cañón anuncia su posición meridiana y las personas corren a sus puestos de almuerzo, donde comparten, se ríen y prometen que nunca se olvidarán. Eso podría haberme pasado en algún extraño momento y yo creerlo sin vacilar. Sin embargo, el tiempo apremia y la realidad es muy distinta: la gente extraña a otros seres humanos, y de esos ninguno es el que contemplo en el espejo por la mañanas más frías que este corazón. Eso es causa del proceder, aunque todos nos llenemos los bolsillos diciendo que la discriminación es algo inaceptable, la verdad es que quien no sigue la corriente del mundo y sus alrededores, es dispensable de todo pensamiento.No es causa de tristeza (o no quiero que así sea), porque esta es mi época favorita, y aún más, si es por pasarla en f.a., eso no sería extraño ni rebuscado para la antena que no quiero mirar. Si pudiera convertirme en superheroína, dejaría la soledad reducida a nada y me dejaría el poder de ser flash.
No quiero comer chocolate ya nunca más.
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