A la gente le gustan las navidades, los años nuevos. A las personas les encanta el fin de año, los amigos secretos, los papeles de viejos pascueros, aunque sean de temporadas pasadas. Les encanta pasar ramos, salir de vacaciones, buscar trabajos de temporada y disfrazarse del ayudante de "santa claus". Nos gustan las eximiciones, los vestidos de gala, las matrículas, el comienzo de la vida que será "nuestro futuro", las fiestas y la piscola del carrete de fin de año, fin de exámenes. A la muchedumbre nos gustan hacer despedidas, bienvenidas, cartas de recuerdo, "engañitos" y compartir un vituperio con quienes queremos.
Ahora lo que más me agrada del fin de año, son los "reencuentros" y los no-reencuentros, con amigos pasados y actuales. A veces, muy a veces, me he preguntado por qué no podría saludar a mi ex pololo y conversar pasivamente, total, las cosas del pasado son nada más que eso: pasado. Pero bueno, supongo que las cosas no son tan fáciles como solían serlas cuando uno era chico y las peleas se arreglaban con un simple "hola, ¿quieres jugar de nuevo?". Eran otros tiempos.Por otro lado, somos acostumbrados los seres humanos. Acostumbrados y monótonos. El primer día de ir a la piscina bicicleteando, era cool y divertido. Creo que ahora se tornó una rutina. Todos los días veo al mismo señor del parque de Los Reyes regando el pasto. Y sin embargo, me divierte aún esa monotonía pasajera de fin de año.
Y con esto de no ver al encantador piscinero. Parece que está buscándome y yo a él, y nunca coincidimos. Si la vida es tan traicionera. Siempre creemos que irás a una hora y vas a otra y al final nunca apuntamos para vernos y reír un poco. Por cierto que es bueno reírse.
Nos gusta el fin de año. Trae aires de buenos tiempos futuros.

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