domingo, julio 25

Huesos quenoái*

Yo no ventilo mucho la ropa, así es que a veces suele estar un poco apolillada y con arañas de rincón. Es como el helado para perros, igual es dulce aunque no lo sientan tanto. Y si uno se vuela harto, llega un momento extraño en que de tanto soñar, se cae al suelo de nuevo, sin previo aviso. Esto es como la nieve, blanca, pero traicionera, con cara de amiga y sin embargo, es esgrimista. El corazón es así, loco y traidor y trae-dor, de tenedor, de cuchara de té, de malas intenciones y sentires atípicos.
Coleccionar casualidades: un poco ingenuo. Y el destino, no destina, no importa lo mucho que desees algo, igual te van a llegar puros limones y sin sal. Peor. Y si al final las vacas sí vuelan y se sufre mucho de joven, sin experiencia y con mucha insensatez, pero las nueces se creen inteligentes y presumen de sus cáscaras, porque las cuidan del frío, del viento, del calor, de los depredadores..empero, aún así no se salvan de un violonchelo con pelos de tonto y sin lengua.
Marsopas, uno piensa en sopa, de pollo con antónimos de otros. Bueno, plagiaré a cierta gente medio loca, y que no difiere tanto de todos. Me hice trenzas, creyendo que eso ayudaría en algo cuando quisiera desenredar mi cuerpo calloso de tantos mimos.
La gente ve películas de amor y jura que con eso la vida será igual. Y yo digo que sí, pero al revés y todo lo contrario según desde el punto de vista sinonímico en que se mire. Cuántos lanudos amigos de campo tendré cuando tenga más corteza pre-frontal. Yo digo que millones de arenas.

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