viernes, julio 16

Vista previa

Estoy llena de malos sentimientos. No tengo pena ni siento compasión. Me pinto las uñas verde furioso y guardo rencores dentro de mi colon sigmoide. Siento rabia y estoy picada, como cebolla en empanada, con pasas que no pasan y repiten y te hacen vomitar en la playa, con la frente en la arena y siendo indigna como cuando flotaba en azúcar flor y quedaba en tus brazos y me tocabas la canción que me hacía soñar muchos días contigo y sintigo, creyendo que así y con un beso de despecho, solucionaríamos todo.
Ahora no salgo corriendo, porque no tengo ganas; no quiero arrancar, no quiero llorar, porque eso ya no va conmigo, porque eso es queso podrido, porque eso es volver a ser estúpida, porque eso es volver a tener tres años, significando que me pierdo en el metro y miro a la gente esperando recibir compasión, la que no tengo ni quiero recibir, porque me volví pesada, más de lo de siempre, menos que nunca, porque el nunca y el siempre, se los tragaron tus buenas intenciones.
Amando momentos que no pasaron, soñando que me mirarías de nuevo, con esos ojos tristes, como los míos e iguales a las gentes buenas, que no guardan culpa porque no tienen de dónde sacarla; que no tienen gula ni avaricia, porque viven en paz consigo mismos. Como marca de zapatos y calcetines de gente bien, así es cuando pienso lo mucho que podría mirarte, sin aburrirme y sin comparar con el futuro. El futuro no existe, solo queda una cuerda de guitarra cortada.
Me corto un dedo, como cuando tenía muchos menos años y muchas más ilusiones, cuando me enamoraba de un Diego y no importaba, porque igual jugábamos en el columpio y seguíamos siendo amigos y comíamos dulces sin importar si teníamos caries, porque el futuro no existía, sino solo el verde de primavera con mucho barro y sin bicicleta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario