Ahora no salgo corriendo, porque no tengo ganas; no quiero arrancar, no quiero llorar, porque eso ya no va conmigo, porque eso es queso podrido, porque eso es volver a ser estúpida, porque eso es volver a tener tres años, significando que me pierdo en el metro y miro a la gente esperando recibir compasión, la que no tengo ni quiero recibir, porque me volví pesada, más de lo de siempre, menos que nunca, porque el nunca y el siempre, se los tragaron tus buenas intenciones.Amando momentos que no pasaron, soñando que me mirarías de nuevo, con esos ojos tristes, como los míos e iguales a las gentes buenas, que no guardan culpa porque no tienen de dónde sacarla; que no tienen gula ni avaricia, porque viven en paz consigo mismos. Como marca de zapatos y calcetines de gente bien, así es cuando pienso lo mucho que podría mirarte, sin aburrirme y sin comparar con el futuro. El futuro no existe, solo queda una cuerda de guitarra cortada.
Me corto un dedo, como cuando tenía muchos menos años y muchas más ilusiones, cuando me enamoraba de un Diego y no importaba, porque igual jugábamos en el columpio y seguíamos siendo amigos y comíamos dulces sin importar si teníamos caries, porque el futuro no existía, sino solo el verde de primavera con mucho barro y sin bicicleta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario