sábado, enero 29

Tres besos

Soñaba que te daba un beso. Claro, eso era ridículo, porque es el subconsciente el que pretende cosas de las cuales poco y nada tengo dominio. Y ahora, pretendo que soy grande y puedo mandarme a cambiar sola a lugares que amenazan con ser crueles con mi perro. Lo llevo y es menospreciado por varios entes filosóficos que piensan que saben mucho de lo que creen conocer, pero no tienen ni idea ni tampoco les interesa tenerlas: total ya tienen su opinión y el tratar de aclarar algo es hablarle al muro de las fotos que se lamentan todos los días que pretendo mirarlas y recordarlas en tiempos viejos chicos, envidiosos y orgullosos de lo que no pudieron ser y de lo que no puedo contradecir, porque nadie escucha.
Te llevo en mi billetera, en mi mochila, en el celular de palo y lo más importante y menos controlable, en el corazón. Pero supongamos que controlo lo último .-aún así, poco interesa a ti, a ella, a todos, a ninguno. Sólo atañe a mi estúpida mejilla roja que busca alegrarte, aunque no puedas notarlo alguna vez o ninguna, como sea. Luego suena el son de mi canción favorita, que desconozco -porque muchas melodías podría recitar de memoria, dentro de lo que me encanta- y siento que no he dejado de ser ridícula, ingenua y crédula de lo mucho que todos pueden decirme y que escucho en mis riñones, y que sin embargo, muy pocas veces he hecho caso.
Bien, ahora soy más tonta que nunca en la vida de veintiuno que he llevado, empero no me arrepiento de las cosas porque el asumir es claro, conciso y pega fuerte en la consciencia que llevo cuando estoy despierta, así es que quien quiera juzgar y opinar de lo que sea, es libre de hacerlo porque no pretendo que mi forma de ser le guste a mucha gente: de hecho, la cuenta va en cero de personas que me han dicho o pensado conmigo que les gusta el modo en como me río, camino, como, miro, hablo y siento en esta vereda que cruzo en bicicleta, y de la cual he caído más veces de lo que delatan mis rodillas.
He estudiado. Sí. Poco me ha ayudado a no cometer errores. Mal. Si se mira con detenimiento, no es genuino el oro -no todo lo que es oro brilla. .no?- y sin embargo, sigues creyendo que lo es, que existe y es real para ti. Considero que hasta tres puntos más allá en el tejido, es bastante válido. Pero cinco, no, obvio que no lo es. Aunque quieras y desees, con vehemencia, con amor y pasión, nada es el oro que quieres.
Sí que te gusta que no mire.
Y yo, no me hago de rogar.

domingo, enero 23

Ven

La gente dice que el tiempo está extraño. Claro, a mi no me sorprende y hay varias personalidades que sienten igual, sin embargo, el sentir es similar pero no apunta a lo mismo. Hay como varios kilómetros que separan el pensarse y aún así, el dolor de guata existe y es inminente algunos días a la semana. No quiero decir que fuera como pan con jamón que varios evitan por el número de moléculas de colesterol ingeridos solo con el pensamiento, sino que el evitarse no es notorio, sino al revés, pero al contrario y viceversa. 
Bueno, cómete la pistola que soñaste tomarías contra quien no quieres: tal vez así se te quita el calor y la presión baja hasta sentirte muerto.

sábado, enero 15

Castañas

Me imaginaba que comer dulces todo el día sería facilísimo, una labor fascinante y deliciosa, sin embargo empezó a dolerme la cabeza: rayos! cáspitas! ¡no visualicé que me hostigaría! Y eso que no he probado los sofisticados fettë completamente míos en caja de oro con detalles de algodón de dulce.
Ahora que es verano y el calor me llega hasta la vesícula biliar, intento probar de otros sabores de helado: y la verdad es que me gustan algunas veces, otras los rechazo porque no sé realmente si están hechos para mí o para quien parpadea rápido por ellos. El punto y coma de todo el asunto podrido está en las pulseras de cueritos que me regalaron (o que intentaron darme en señal de amistad (?)) y que miro en las noches en el cajón de mi velador, con esa luz irritante de la lámpara ahorra-energía.
No es que haya que ser muy inteligente como para darse cuenta que el revueltijo de alimentos ricos en azúcar y carbohidratos está haciendo estragos en quien mira por casualidad, como planeado pero espontáneo, en ojos de esperanza en los que no puedes reflejarte ni imaginarte con perros grandes y peludos.
Son castañas de febrero, que jamás se darán.