Te llevo en mi billetera, en mi mochila, en el celular de palo y lo más importante y menos controlable, en el corazón. Pero supongamos que controlo lo último .-aún así, poco interesa a ti, a ella, a todos, a ninguno. Sólo atañe a mi estúpida mejilla roja que busca alegrarte, aunque no puedas notarlo alguna vez o ninguna, como sea. Luego suena el son de mi canción favorita, que desconozco -porque muchas melodías podría recitar de memoria, dentro de lo que me encanta- y siento que no he dejado de ser ridícula, ingenua y crédula de lo mucho que todos pueden decirme y que escucho en mis riñones, y que sin embargo, muy pocas veces he hecho caso.
He estudiado. Sí. Poco me ha ayudado a no cometer errores. Mal. Si se mira con detenimiento, no es genuino el oro -no todo lo que es oro brilla. .no?- y sin embargo, sigues creyendo que lo es, que existe y es real para ti. Considero que hasta tres puntos más allá en el tejido, es bastante válido. Pero cinco, no, obvio que no lo es. Aunque quieras y desees, con vehemencia, con amor y pasión, nada es el oro que quieres.
Sí que te gusta que no mire.
Y yo, no me hago de rogar.