Este momento feliz es irrepetible de un lapso a otro. No es limonada ni dulce de frambuesa, sino simplemente el agrado de saltar la cuerda.
No hay tregua.
Algunas veces cuestioné el sentir. Ahora lo veo más claro. Y ayer me dediqué a observar la forma en que me mirabas, lo que tal vez resultaría perjudicial. Pese a todo, no estaba buscando alguna cosa en particular: antes te había mirado y eras igual que hoy, pero menos azul; hoy en cambio te veo, y pareces rosa, pero no de flores ni dulces, sino rosa de algodón después de quitarme el pintauñas. Y ahí noté que no me quedaba la suficiente imaginación como para visualizarte así.