Aún es difícil entender el cómo se pillan su propia sombra.
Lo único que puedo vislumbrar es la pena infinita que se puede llegar a sentir por personas que no significan nada dentro de sus propios cerebros.
Y eso que nadie manda las cartas que tienen guardadas cuando van por las mañanas en el transporte público y su destino se escapa en el próximo semáforo.
La esquina es traidora.
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