viernes, abril 22
indirecto
Creo que no quiero nada. Tampoco me han dicho en la vida que soy imprescindible y tal vez no quiero serlo. Es tarde y me duelen las articulaciones, partiendo por la que me hace latir el corazón. A pesar de todo, no necesito que me recalquen nada en lo absoluto, sino más bien requiero comprensión; suena estúpido, sobre todo porque constantemente poseo ese defecto, pero la verdad es que en la facilidad de mi vida, mis pesadillas me persiguen a todas las horas. No sé permanecer ni hacer que permanezcan conmigo: mi función solo consiste en hacer doler el cerebro cada dos días y medio. En la proximidad del asunto, se asoman dos y medio más. Bien, la vida es ácida, como este blog y como yo a todas las pisadas del camino. Ni siquiera recuerdo el cómo llorar, porque convertirse en papel con letras desordenadas se tornó común, corriente y sarcástico. No quiero algo, tampoco la nada; solo quiero morir.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario