[...]y volarían en pedazos, los trozos de todo en esta casa. Se comerían las uñas de tanta histeria y el pelo caería a manojos, como mala.hierba. No existirían los hervidores, las máquinas-lavadoras atacarían a los niños, los refrigeradores comerían helado de cebolla y el sonido por las mañanas sería simplemente el llanto de las madres, felices de haber tejido bien los chalecos a sus obreros.
Sacarían de sus bolsas kilos -incontables- de penas, rabias y sufrimientos, todos frutos del prohibirse hacer, del legado de vetar los sentimientos, de manejar cada paso, todo; desde lo que de desea, lo que se odia, lo que se reza, lo que se piensa y canta. Ni las plumas de la almohada pueden salvarte ya, y eso que la vida está hecha para las alergias (IgE's); y a pesar de todo, el corazón sigue ahí, latiendo y cabeceándose sobre el cómo cayó este pedazo de conciencia y lóbulo temporal medial al wc. Y se descompuso.
La velas no son amigas, mucho menos las ampolletas y aún un poco menos, las uvas del parrón de la vecina. El consejo es no seguir en absoluto alguno, sobre todo si provienen de la mente de los que dicen quererte, mas el vano esfuerzo es imperceptible (y eso que es vano: como lucrar-estátandemoda-) y el cocimiento de papas con prietas es lo más olvidado e incomible del llano mundo que nos intenta, a ratos y sin empeño, rodear.
..y ya no hay más que esperar: los días pasan rápidos y planos, como la llanura desértica, como el tuyo y el vosotros, eso que ineludiblemente debemos comer, con el agrio sabor al verde que llevamos en el riñón derecho y que el hambre de saber qué pasará el día anterior a ayer termine por corroer cada ocho de diciembre.