domingo, julio 24

Pararse

Tienes ganas de mirarle todo el día, pero no se soportan ni medio segundo sin discutir por la cantidad de moras que tiene ese manzano. Claro, es que son imposible e insoportablemente impacientes, no quieren esperar por aquello que ya probaron, ya sea juntos y no revueltos o separados y mezclados hasta el punto de matarse con tres no palabras y tres y medio no miradas. Repetirías que lo quieres si acaso eso fuese suficiente como para quel agrio se vuelva dulce y las perlas en tu cuello por fin luzcan como joyas y no como se ven hoy, como estorbo en tu camino, como lo que parecías ser cada dos y medio segundos de respiración jadeante y entrecortada. Y cómo no va a doler que los pendientes ya no te calcen: cómo se va a poder soportar esa sensación de caer, sin el más mínimo indicio de quel socorro de una lágrima sobre este papel vaya a dignarse a aparecer frente a tus lentes, empañados de tantas letras sin rumbo, sin destinatario y con ganas de gritar las tantas cosas que mereces por estos cuartos pintados de negro.
Y es hora de parar de sufrir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario