Y me entró la curiosidad por saber las cuántas cosas me dirán al ir tan rápido en mi bici. Es que siempre voy escuchando música, y no muy pendiente de lo que los transeúntes y automovilistas me puedan gritar (porque la gente suele gritar demasiado en los últimos tiempos); sin embargo, hoy tuve ese pensamiento que no fue tan fugaz como creí en el momento en que un peatón algo me dijo y no presté oído.
Al final, es mejor seguir pedaleando: la vida tiene muchas calles.
Y hoy pude comprobarlo.

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