La vida está empezando, no estás acá para presenciarlo, desapareciste como pájaro con 3 alas (la de repuesto). Y claro que nadie sospechó que teníamos garras y dientes para superar esta escalinata de canciones agrias, así como el corazón. El café no tiene buen color: y claro, cómo iba a ser, si el sol ya no calienta, sino que al revés, quema y no deja tallos en pie (diente de dragón y el muerto en su ataúd). Paciencia de no poder tenernos en mesas distantes, eso como detalle y la mala espina cruzada, después de un sushi que repetiría cien veces, de lo salado y dulce que llega a ser entre nosotros.
Ciudad desarmada, algo así como esculturas y fotos, entre pétalos de pastos verdes, del verano que empezó, pero no para todos y termina antes de que termine mi helado y la canción que solíamos recordar de pocos tiempos, lejanos y pisados, nunca olvidados y extrañados en los momentos de afinación y sonrisas.
Y a veces quedamos sin respirar, sin palabra que articular, sin ideas y el cariño se pierde entre los dedos de los momentos desperdiciados -conosinquerer-; y así, el cuento sigue sin el final que las gentes esperan. Bueno que, eso es dicotómico a ratos, se sale de las estadísticas y nuevamente se pierden oportunidades: cosas que suceden muy repetidas veces, no tienen explicación y muchas culpas dentro del alma; así como las cosquillas en el corazón del de-reojo.
Nervios con faradización negativa. Algún día, podrías llamarla.