Suponiendo que tenemos tres cuartos de hora (incluso un poco menos) para imaginar, antes de que el sol se caiga y aparezca la luna, creyéndose igual o más imponente e importante que el sol, con su mirada cínica y actitud tan traidora como podría llegar a ser un gato ronrroneando en tu cuello, llegamos a las conclusiones de un arqueo cerebral diario.El impacto del horario bajo hace estragos sobre la reconquista del vilipendiado chofer sobre tres ruedas. La llanta no soporta demasiado peso hecho vanidad y desencanto. Y el llanto dulce de un niño de pecho, de cuarenta años, no sabe cómo reaacionar.
Es que somos tan débiles.
daaahhhh
ResponderEliminaros echo de menos mujer!
vamos donde el Lazo a bolsearle algo ajjajaja