jueves, enero 28

Agüémosnos

Queda poco para lanzarse al vacío de una vez y para siempre.
Cuando vimos ángeles y seres mitológicos, jamás imaginamos lo bello que sería danzar con ellos al compás del turururu matutino. Tal vez, y solo por si acaso, no era tan necesario ser tan agrios: como una almendra bañada en vinagre mezclada con aceite y sal (como mi abuelita).
Hay un secreto secretoso muy íntimo, presenteausente acá y allá, que nadie se atreve a confesar, pues ya todos lo saben pero nadie lo grita. Además, no está muy bueno esto de soñar despierta, sobre todo cuando ya queda tan poco para abandonar al fin y nunca tan trágicamente, esta embarcación, próxima a hundirse peligrosamente.
No hay que ser tan inteligente como para adivinar que cinco más dos es igual a galletas remojadas en leche con hielo por las mañanas, secas y húmedas a la vez.
Yo no quiero ni pensar en el caballo en el que venías galopante, tan atractivo como un churro con diez kilos de manjar (light eso sí, para mantener la figura de verano) y que de repente, de cuajo y súbitamente, desapareció, para convertirse en un ser despreciable hasta el punto de bloquearlo mentalmente.
Bueno, que yo no soy quién para dármelas de opinóloga y comentar sobre qué es mejor para mi o para la humanidad sumida en calor y desgracia.
Sólo digo que, me comeré un pepinillo.

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