Queda poco para lanzarse al vacío de una vez y para siempre.
Cuando vimos ángeles y seres mitológicos, jamás imaginamos lo bello que sería danzar con ellos al compás del turururu matutino. Tal vez, y solo por si acaso, no era tan necesario ser tan agrios: como una almendra bañada en vinagre mezclada con aceite y sal (como mi abuelita).
Hay un secreto secretoso muy íntimo, presenteausente acá y allá, que nadie se atreve a confesar, pues ya todos lo saben pero nadie lo grita. Además, no está muy bueno esto de soñar despierta, sobre todo cuando ya queda tan poco para abandonar al fin y nunca tan trágicamente, esta embarcación, próxima a hundirse peligrosamente.Yo no quiero ni pensar en el caballo en el que venías galopante, tan atractivo como un churro con diez kilos de manjar (light eso sí, para mantener la figura de verano) y que de repente, de cuajo y súbitamente, desapareció, para convertirse en un ser despreciable hasta el punto de bloquearlo mentalmente.
Bueno, que yo no soy quién para dármelas de opinóloga y comentar sobre qué es mejor para mi o para la humanidad sumida en calor y desgracia.
Sólo digo que, me comeré un pepinillo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario