
El destino es algo en lo que no suelo confiar: se ha portado un poco mal educado conmigo en el último tiempo. Además, la hora pasa desagradablemente rápido y tiene uno que adecuarse a su ritmo, con tal de no morir en el camino (si hasta la adelantaron, como si ya no corriera más ligero que Usain Bolt). Ok, nadie murió nunca por decir malas palabras, pero es algo que resulta molesto. Y el corazón, que hostiga, late y late, como si el tun-tun arrítmico ayudara en algo. Tengo una noticia: no me gustan los nombres con jota y no pienso cambiar de opinión.
Hay cosas en esta vida, que debieran estar absolutamente prohibidas y tener pena de encarcelamiento emocional. Nadie puede odiar a otra persona! No! Eso es inaceptable. Tampoco puede ignorarla, porque en el fondo sabe que, sin ella, la vida sería un asco y nada de lo que ahora ocurre, sería posible sin ESA persona. No importa lo que haya sucedido, debemos sonreírle. Y ser felices. Como cuando te sonríen desde un escenario (¿han experimentado eso? Es realmente agradable!) y tu chicle adquiere sabor nuevamente, después de tres horas masticándolo. Creo que, en lo absoluto, al final, amamos a todos los que se nos cruzan en el camino de esta vida; esa es la satisfacción de ser de esta raza.
Justo ahora, quiero un chocolate, qué raro, ¿no?

