La verdad es que no le creía nadie: la historia parecía en extremo fantaseosa, como todo lo que solía decir por aquellos últimos días. Además, la pérdida de hace pocos días (ya habían pasado meses, pero aún se notaba que no lo podía superar) le tenía revuelto el pensamiento, así como el sentir y el actuar. No cabía juicio mental razonable en su forma de moverse.
Pero no parecía aquello lo más inquietante, sino que lo realmente preocupante, era que se habían desencadenado una serie de hechos que le tenían la vida, por decirlo menos,"patas para arriba" (o así es como solían rumorearle por las espaldas; lo cierto es que nadie se atrevía a decir las cosas de frente por aquellos días: la gente estaba un poco mentirosa e hipócrita, nada preocupante) y eso estaba llevando a morir poco a poco en su ensimismamiento cotidiano, poco ortodoxo y mal educado.Y todo esto, porque las coincidencias no cabían en su credo.
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