morir es sencillo.-
No se elige el cómo,
el cuándo,
el dónde,
no con quién (a veces, eras tú).
Es más fácil, incluso,
que derretir pastillas de chocolate.
Y resulta ser agradable
apagarse, sin tener que
explicar nada a nadie.
Tanta es la dicha,
que llegan rosas que nunca antes
se dignaron a aparecer.
Todo por dar,
ese paso.
El problema es el miedo
de ver llorar a quienes, dijiste amar (a veces, eras tú).
Se estacionan autos,
cabizbajos,
encienden cigarrillos: parece que,
también quieren flores,
prontamente.
No quiero imaginar,
la hora de tu muerte.
Vivir como si fuese el último día,
imposible,
cambiar este interruptor.
No me aventuro,
no te busco,
ni me drogo.
No salto, con todas mis fuerzas,
y andar sin casco,
a nadie
le preocupa.
Y cómo quisiera, ser,
el ramo de tus días,
en que yo,
podía incluirme.
El día de mi muerte,
es el mismo,
de tu nacimiento.

No hay comentarios:
Publicar un comentario