martes, noviembre 29

Perdida

La vida misma es una mezcla de sentimientos contradictorios. En los pasos peatonales, se cruzan vivencias de pocas horas, como si eso, fuese la vida entera. Pero no es así: de hecho, ni siquiera hay tiempo de extrañar, porque es un constante manejo de información errada, malintencionada y a ratos, semi triste. No sé de dónde se ocurren tantas barbaridades, sin embargo, segura estoy de llamar a nadie, para que dejen de juzgarme. Y yo de juzgar, porque no quiero emitir más juicios, solo quiero escucharte y decidir la canción en el próximo semáforo. Incluso, podría dejar de mirar el espejo retrovisor, solo por volver al futuro que había zanjado junto a muchas horas atrás, cuando la profesión nos salvaba de un estafa en la playa.
No hay nada que perder.

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