sábado, noviembre 21

Agrio limón


Pensando en lo que me querías y en lo que alardeabas extrañarme y añorarme (como anhelando algo urgente) es que medité en que a lo mejor nos quedamos pegados, mirándonos "en secreto", dejando el tiempo pasar, creyendo que tal vez algún día dejaremos de codiciar tocar nuestros labios una vez más.

De repente podría estar lanzándome a un precipicio horriblemente profundo, del que ni siquiera una mano larga y gigante, bondadosa y amable, de esas que ya no existen, podría rescatarme. Algunas veces podría estar deseándote, más que a nada en el mundo, más que un día de descanso eterno, mucho más que eso, más que algodón de dulce de dimensiones estratosféricas, más que eso incluso; de hecho, muchas, incontadas veces, he querido estar acá contigo o allá tú con-migo, tocando la guitarra y comiendo arroz pegoteado.

Más no puedo, no debo y hasta, tal vez no quiero. Contradiciéndome incansablemente es como sigo contando las horas para divisarte aunque sea con binoculares desde la micro en movimiento o corriendo tras el bus que me alejará de una vez, y tal vez para siempre de ti.

Arrendaría un momento de dulces, un momento de vereda frente al Bellas Artes, compraría una bajada de micro, empeñaría mi anillo por una lágrima. Mas ya no tengo tiempo, ni ánimo de buscarte entre chalecos rayados, intentando reconocerte dentro de una manada en la cual, extrañamente, no estás.

Maneras de olvidarte hay muchas, reafirmando que hubo un período en el cual estuviste silente y olvidado en mi memoria. Empero después del pasto verde y el resbalín rojo, he llegado a la conclusión de que eres una naranja de color limón, deseable con ganas pero agria al alma.

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