sábado, noviembre 14

Helado de moscas


Estamos del verbo ácidos. Yo ácida, tú ácido, él ácido, nosotros ácidos, vosotros ácidos, ellos ácidos. No, es que en realidad nos vemos medios zombies, distantes y con harta cafeína en la sangre. Cada tres o cinco horas, nos engullimos un snack (es que somos tan spanglish) junto a un cafecito (bien tiernecito y ponderado) que nos mantiene vivos, mientras el sueño rem se queda guardado en el cajón del escritorio atestado de apuntes.

Luego escuchamos un tema triste para sentirnos peor y sentir que nadie está más echo barro que nosotros; y ni siquiera es ese barro con el cual jugábamos en la infancia y que nos hacía enormemente felices, sino que es ese barro desgraciado que está en invierno, cuando vamos con la mochila en la espalda, en una mano el paragüas con el pase entre los dedos, en el otro brazo un libro y apuntes, y justo uno de ellos pun! se cae al barro! habiendo tantas partes, se cae justo ahí, y ese barro del demonio es de la forma en que nos sentimos ahora.

Ya, sin en verdad no taaaaaan malo, pero a veces un poco frustrante ver un día tan bello, lleno de flores, nubes en forma de helado de frambuesa en el cielo azul y el sol , que nos llaman, nos gritan, nos ruegan que salgamos de esa pieza oscura y llena de moscas a disfrutar de esta vida que es tan corta y única.

Más encima (y con presión) saldría corriendo de acá y allá, para irme a ahí, sí ahí, donde nadie sabe pero en el fondo una persona ,más yo lo sabemos.

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