martes, noviembre 3

Microondasdiezhoras


Arg!

De repente pienso que por qué estoy donde estoy. Le pasa a la flor marchita que odia el polen de la margarita ajena y ni siquiera sabe por qué razón. Cuatrodécimos del núcleo. M. Ya bueno, seremos moscas voladoras que chocan contra el vidrio mil quinientascuarentaycinco veces, y aún así, vuelven y chocan unas chorrocientas más.

Por otra parte, se debería conformar con unas cuantas peras, incluso un kiwi y ya, pero no, todavía quiere wasabi. Si de verdad que no le gusta el bigote azabache del tipo nerdo que se cree no sé qué cosa. Toca el violín y aún así no se da cuenta que es un perdedor.

Viene el verano, y aquella oreja de oso aún no tiene un pistilo amigo en quien sacar un pétalo y pensar que la quiere mucho, poquito, nada. Cursilería, propia de la época (siglo 21 y aún con mentalidad barroca?) y qué tanto, si al final igual se conformaría con el guaren (sabemos cómo escirbirlo?)que mi madre vio subir por el cañón del calefont.

Pucha, mira, yo sé que piensas en mi, pero yo te tengo en el limbo porque o si no, las cosas serían peores que en el futuro, y eso que el pasado, que ya es pasado, porque ya lo escribí y lo leíste, está acá y allá, acuyá, maracuyá, gingivitis y muela del juicio.

Qué romántico.

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