Hay días multicolores; hay días grises. No tengo mucho que decir, tal vez por ser día de no decir algo. Me inquieta estar acá, cuestionándome nada. No somos lo que creemos ni lo que no creemos, mas bien somos algo así como un globo con helio. O peor, somos esa pestaña que se cae en la mejilla. Como nunca, o como siempre, estoy pensando en otra persona al escribir esto. Pero ni tanto, sino como el otro yo que no existe para alguien-nadie, pero que existe para el siguiente yo que cabe dentro de mis entrañas.
A veces quiero llorar, mucho, hasta quedar muy exhausta y sumirme en un sueño de días y noches eternas, sin tener que ver a mucha gente. En realidad, no teniendo que ver a alguien. Sin embargo, muchas otras veces tengo y quiero llorar sin saber por qué, sino sólo porque despierto muy triste y con dolor de cabeza. Como los búhos, que son muy malhumorados y te miran feo en las noches lúgubres de verano. Bueno, a lo mejor es mera cosa de fechas y acontecimientos que están ocurriendo ahora. Esto no es un cuento. No es un poesía (ni pinta). No es una historia. En realidad, esto es nada, empero para mí, ahora es todo. Es verdad, muy cierto, que tengo nada, nada material, nada a lo que me pueda aferrar si quiero gritar, pero lo que sí tengo es esto, mi mente loca, sabor a menta con limón, muy agria, muy desagradable para mucha de la gente que me rodea y que no me importa en lo más mínimo. Tal vez en esto soy tan egoísta, y es que no me interesa aparentar y caer bien a todo el mundo y que me regalen librillos del mundial. No me importa. No quiero comer de lo que todos comen y reflejar 'felicidad', que no existe verdaderamente en ellos y que sin embargo, sí parecen tener.
Suspirando no he logrado nada. Tampoco lo voy a lograr leyendo el diario y creyéndome tan culta.
Soy muy cuma, igual que millones de seres humanos.

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