sábado, noviembre 20

qué

[..] haría dulces. Tendría un baño lleno de shampús que no ocuparía jamás y un jarabe para la tos que mi papá me haya comprado un día de fiebre, el cual jamás probaría y duraría años en un botiquín inexistente (como buena trabajadora del área de la salud). Comería helado en todas las comidas del día y le sacaría fotos a los bichos que se pasearan por la pared del cuartucho. Andaría con ropa de trajinar (como diría un ser del pasado) y seguiría mirando mucho a la gente y metiéndome en conversaciones de gentes en las micros, que por cosas del destino no conozco y tal vez jamás vea de nuevo.
Después te buscaría y cantaríamos, porque nos gusta. Y me llamarías nunca, porque no es necesario.-nos amamos igual. Y eso te gusta. Caminaríamos horas sólo con un algodón de dulce en la guata y varios litros de agua tibia (de la manguera de quien riega nuestro parque favorito), que es rica en la sed de querer mirarnos por muchas horas. Después dormiríamos otras muchas horas, soñando con -tigo (y trigo para pájaros). Yo cocinaría para ti y te dibujaría en una croquera arrugada del agua mojada que viene de horas de nadar y pensar que te diría cuando volviera a verte. Tú.-no lo sé, estarías siempre y me darías la mano y una cinta de color blanco.
Te querría como siempre y aunque no existes aún y estás lejos, te espero en las tardes.
Soy tonchta.

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