viernes, septiembre 17

Mochilas

Hay una canción que me gusta harto. No sé por qué; es así. Es como solíamos sentirnos, medio en ascuas, medio en certeza. Sol de primavera, caliente y no tan traidor como la estación pasada. No hay meras palabras de aliento, con etcéteras y frases hechas, porque no inspirábamos nada de eso. Además, no nos conocíamos y cada cual corría su propia carrera a la muerte, que es lo único seguro y certero que sabemos pasará en algún momento mal intencionado.
Por otro lado, se nos hace tarde ahora, ahora que estamos en la misma puerta ancha, pero de la cual todos quieren salir, porque el camino fácil nunca ha sido el más conveniente. Y eso es un poco aburridor, ya que al fin y al cabo, quién no quiere salir siempre airoso y no tener que dar cuentas (de collares, incluso) a las gentes que poco conocen del maleficio insípido y rancio que hubo que probar.
Nadie quiere quedar mal; al contrario, hacemos cosas estúpidas y que no queremos con tal de sacarte una sonrisa, linda de dientes parejos y sin perejiles consagrados por la tradición entre medios, medios de salir de aquí para no sé dónde, porque al final, donde alojemos será igual, con puertas y cerraduras y un teléfono que poco suena, empero cuando lo hace, es la peor idea que se le podría haber ocurrido y las ganas de lanzarlo al Mapocho son cada vez mayores y fervientes.
Ya nos quedan pocas horas y poco supimos aprovechar las muchas que ya pasaron y no volverán; la vida es así, tal cual y nadie quiere ponerse agallas y cambiarla.
Ahora tendría que estar.

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