viernes, septiembre 3

Ya no es jueves.

Lápiz, goma, tijeras y un pelo en escarlata. Insensato el pensamiento de voces chillonas. Se apuesta trescientos y se ganan dos. Corre el rápido sol sobre la luna en paz -en mayúscula-. Suena y sueña, como parónimos imperfectos y un cereal sin leche. Va a la escala e ignora el cinzano. Se adjudica el Simpático y provoca midriasis, a ver si así mejora el mal augurio. Pasa el tren y no alcanzó nadie a subirse: mejor, así tenemos otra oportunidad. Ni a Rancagua ni a París, no hay consenso y el corazón ya se quedó en el plexo vesical, estancado entre miseria y alegría de no correr más rápido de lo que realmente puede.


Una pizca de pimienta ahora, para imaginarte cómo te imaginas en otro mundo, mejor y pensando que así todo pasará más rápido. Intenté comer una hormiga, para sentir su picor y sin embargo, yo tenía más para ella que la reina para sus sirvientes. Ciertamente, no hay ánimo de arcoiris, porque se terminó el pacto acordado y mejor me como los cereales, esperando que todo empiece ahora y más que siempre, con queso derretido y pimentón en conserva; como quien se guarda para el mejor postor. 


Hay cientos de libros, millones y redundantes que me hablan y esperan mucho de lo que no puedo ni pretendo dar. Los regalos significan muy poco cuando ya no hay motivos de dientes picados para ir al dentista y zambullirme en su anestesia, que en una de esas caigo en el sopor y al despertar vuelvo al cuarto de pruebas felices.
Corrí a alcanzarte, como agosto en invierno, pero ya es verano y no pretendo que me esperes más, porque el egoísmo no es parte del protocolo.


Dos pestañeos y zás, galletas en leche rancia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario